"El inconsolable de Eliot Ness" pasa por épocas más consolables, pero solo si se le tiene en brazos. Llevarlo en coche es sinónimo de aguantar sus berridos durante el trayecto. Por fortuna, en el último viaje (cuatro horazas, nada menos), se pasó la práctica mayoría durmiendo. En cualquier caso, poquito a poquito también aguanta un poco más en la hamaca, en la que se balancea él solito como si no hubiera mañana.
Seguimos con los problemas de piel tras dejar la crema con antibióticos, por lo que volvemos a los corticoides y, en breve, retomaremos la de los antibióticos.
No hace ascos a reírse con nadie o que cualquiera lo coja, y sigue babeando a discreción. Y chilla como un poseso a veces, y le mola, y se mola oírse chillando y chilla más.
Le ENCANTA la comida. Antes seguía con la vista a su mamá cuando estaba sentado en la hamaca o en sus rodillas. Ahora sigue sus manos, aparentemente con la esperanza de que le acerque un cacho a la boca de lo que sea (hasta la fecha: manzana, melón y granitos de arroz).
Sigue sin aguantar demasiado en la cuna, pero poco a poco aumenta su tolerancia. De pie es capaz de pasar ratos larguísimos, eso le encanta.
La última actualización de la base de datos de virus se saldó con algunos pocos segundos de poner pucheros y poca cosa más.