Este mes ha tenido puntazos fuertes. Áxel me llega a la una de la mañana compungido a mi habitación, y me dice: «Papá, tengo una muy mala noticia" y se ha acostado a mi lado. Pensando que igual sería una pesadilla, le pregunto, divertido por ese dramatismo, qué le pasa. Me dice que le duele la tripa. Le he puesto una mano encima de la tripa.
Luego he pasado la siguiente hora limpiando su tremenda vomitada por mi cama, por el suelo y por todos lados, y duchándolo para quitarle la vomitada de su cuerpo. Luego ha vuelto a vomitar a las dos (esta vez ya le había indicado que mejor fuera directo al lavabo y ya me levantaba yo para atenderle). Luego a las 2:45. A las 3:25. A las 4:30. A las 5:10. A las 7:20. A las 8:15. A las 12 tuvo el que creo que fue el noveno y último, y a partir de ahí fue un poco a mejor.
Ha tenido que dar una charla sobre el templo de Abu Simbel, y aunque ha tenido poquito tiempo para prepararla, ha hecho un repaso magistral sobre una visita virtual que ha entusiasmado a compañeros y profesoras. He aprovechado para sugerirles visitar el templo de Debod (regalo de Egipto por ayudar a elevar varios de esos templos para evitar terminar bajo las aguas de la presa de Assuan) y el Museo de Arqueología y primero me ha dicho que no, que no quería. «Y si no quiero, no quiero y ya está». De asertividad, va servido, minipunto para él. Le he preguntado cuál era el problema, y me ha dicho que le daba miedo (también se encontraba un poquito mal, con muchos mocos, y eso lo deja de bajoncete, quizá por descansar mal). Lo dejé estar, y al día siguiente parece que se ha levantó más aventurero y dijo que podíamos ir. Solo dio tiempo de ver el templo, porque en Plaza de España tenían montado un despliegue navideño de tenderetes que visitamos, y luego volvimos al parque de juegos de la plaza.
Hemos estrenado un proyector para ver películas a tamaño "minicine" en la pared, y lo han estrenado peleándose el segundo día por un sitio en el sofá y Adhara empujando a Áxel (y, como siempre, dándose este un golpe en la cabeza), algo que les ha ocasionado roja directa y abandono de película.
Aún se le cuela alguna cosa como el "hicí" en vez de "hice", pero en general tiene un dominio perfecto del idioma y ha mejorado mucho con los tartamudeos.
También han montado solos el árbol y decorado la casa por Navidad. Les ha gustado mucho ir poniendo vinilos por las ventanas, y les ha quedado francamente curioso. :)
Le está pillando el gusto al chicle.
En kárate, aún no sabe atarse el cinturón, pero va a tener que ir aprendiendo.
Y, ahora, a final de mes, parece que está volviendo a pillar oooooooootro resfriado/catarro/covid/lupus (cuando volvió de lo de los vómitos, todos en su clase andaban tosiendo como locos).
Va leyendo cositas espontáneamente y aprendiéndose chistes estupendos con coreografía y todo, como el de la memoria de los peces, que teatraliza con su hermana moviendo las manos pegadas a su cuerpo como si fueran aletas (–¿Sabes que los peces solo tenemos dos segundos de memoria? –¡Qué dices! –¿Qué digo de qué?).