Áxel está empezando a medioapañarse con la bici, pero se frustra muy pronto. Le pasa igual con los patines, apenas aguanta un round hasta que con cualquier cosa pilla una minirrabieta y se enfada y no respira. Estos últimos días ya conseguía bastantes veces arrancar y tenía más o menos claros los giros, y dejarse llevar algún tramo sin pedalear.
Como Adhara no tenía hambre un día, le dice:
–Hoy estás un poco deshambrienta.
En el viaje a Málaga, no paraba de dar saltos en la cama y molestar a la pobre Yang mientras hablábamos en videoconferencias.
Con los abuelitos, una de las noches ha decidido contar él solito la bella durmiente al completo. Otra de las noches ha empezado a contarlo a medias conmigo, ¡y me ha dormido a mí contándomelo! Y encima luego me ha despertado para que contara yo la siguiente sección, pero él ha vuelto a retomar el cuento, y se ha terminado durmiendo él contándome el cuento.
Es muy parlanchín (no calla ni debajo del agua) y además le da por cantar, pero como muchas letras no las entiende, él canta lo que medioentiende. Entre el «inglés guachinei» de las canciones en inglés, y las palabras que se inventa en castellano, es divertidísimo escucharle. En vez de "Ese ser peludo mola mogollón", por ejemplo, canta «Esesesesudo mola mogollón». Y se queda tan pancho.
Practicando para un concierto, en plena ola de calor, estaba tumbado en la cama con la trompeta. Se me tumbó encima (yo todo sudado) y me suelta un "hueles mal". Y, practicando con la trompeta, me dice «Tocas mal, pero sigues siendo mi papá favorito». Mi fan número 0, incondicional...
En el concierto, comenzamos a tocar y le preguntó a la abuelita cuánto faltaba para que se acabara. Tiene cero paciencia...
El Oceanográfico debió de gustarle mucho, porque tardó 40 minutos en preguntar cuándo nos íbamos.
Allí su hermana vio unas tortugas marinas de peluche que le fascinaron. Los abuelitos se la compraron, pero no eran precisamente baratas y cuando Áxel pidió que le compraran otra, le dije que no teníamos tanto dinero para gastar en esas cosas. Él saltó con que sí, que «los abuelitos tienen superdineros». Los abuelitos se la compraron, claro. Luego, va y pregunta:
En el restaurante del sitio le pusieron un danonino de postre. La abuelita le preguntó cómo se abría:
–Para abrir el danonino, se gira el plástico hasta que oyéis clack.
No se sabe muy bien la kata de kárate (que se supone que tenía que saber para obtener el cinturón), pero su hermana no está muy por la labor de enseñársela y él tampoco de ponerse a aprenderla cuando sí lo está... Es muy pequeñín aún para ciertas cosas de habilidad corporal.