Áxel va aprendiendo poco a poco a silbar notas nuevas, y está además manteniendo el equilibrio muy bien en bici, apenas le falta un poquito para conseguir arrancar desde parado.
En su primer día de campamento nuevo, quizá algo malito, ha pillado una rabieta hiperfuerte en la que le he dicho noséqué y ha respondido: «Pues me quiero morir». Y luego le ha dicho a su hermana que ojalá se muriera. Por fortuna, luego se ha tranquilizado la cosa.
Está muy gracioso haciendo como que se inventa canciones (que luego resulta que son cosas que ha cantado en el autobús de camino a una salida escolar, pero no ha entendido bien la mitad de lo que dice y hace unas letras sui generis).
Llega ya a darle a los botones del quinto en el ascensor, se va haciendo mayor a marchas forzadas.
Sigue desplegándome los trenes y coches por todo el suelo y creando Roombas con el compás. Y haciendo como que cualquier juguete circular es una Roomba.
Es muy tierno y cariñoso, y muy divertido intentando contar chistes. El último que se han aprendido y hecho en gag es:
–Doctor, ¿se acuerda de mí? Usted me operó el dedo.
–¡Claro que sí, hombre! ¡Choque esos cuatro!